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Una organización cultural al servicio de los altos intereses de la patria

PRESENTACIÓN

    Para proyectarse al futuro es indispensable
   una base, y ésta se encuentra en el pasado. 

   Ecuador, afortunadamente libre de la prolongada violencia que sufren sus vecinos, es una isla de paz donde la vida, cual diáfano manantial que desciende de la cordillera entre jubilosos murmullos, discurre plácidamente. Situado en la ribera oriental del océano Pacífico, en consecuencia, aislado de las grandes rutas navieras, que hasta hace poco constituían el único vínculo entre los pueblos del mundo, ha permanecido al margen de influencias foráneas. Debido a esta particularidad, que si bien le ha restado posibilidades de un acelerado progreso tecnológico, en cambio ha podido conservar intacto su acervo cultural expresado en un opulento folklore. Principalmente en la ruralidad serrana.

   No existe poblado de Ecuador, por pequeño y alejado que fuese (y cuanto más alejado mejor), que no engalane sus remembranzas con fascinantes leyendas de origen local y de antiquísima data, lo que hace del país de la mitad del mundo un emporio de tradiciones. La diversidad de sus etnias, ligadas sólidamente a creencias y costumbres ancestrales que se niegan a declinar ante ese invasor denominado globalización, ha permitido que en el recuerdo continúen vigentes escenarios de ensueño y de pesadilla poblados de legendarios y pintorescos personajes. Se diría que, aquí, el tiempo ha sido incapaz de ponerse al resguardo de su impenetrable barrera, tolerando cómplicemente que se entrelacen el pretérito con el presente. En consecuencia, la realidad y la fantasía no son conceptos antónimos, sino que van asidas de la mano y se complementan.

   En la mágica serranía ecuatoriana, donde todo puede suceder, no es nada raro que, inopinadamente, se le presente al caminante o al pastor paramero algún personaje sobrenatural seducido por la belleza de aquél o, simplemente, para hacerle alguna confidencia de lo más inverosímil. Tampoco resulta raro aquí notar la presencia de un dios, de un demonio o de un fantasma, que de momento ha tomado prestada la apariencia humana, medio disimulado entre la concurrencia, recorrer los poblados, deteniéndose con frecuencia en picanterías y chicherías donde casi siempre ha de forjar alguna mala pasada en desmedro del dueño del establecimiento o el de sus parroquianos. Estos seres ultraterrenos, frívolos, casi todos, y los más, adictos consuetudinarios de la broma y de solazarse con el apuro de los patéticos mortales, toman la vida como una prolongada y divertida fiesta. Sin embargo, serán en todas partes acogidos siempre con solicitud cada vez que quisieran honrar con su visita. Además, ¿cómo pretender negarles un gesto de elemental cortesía si más temprano que tarde, los anfitriones, apremiados por algún eventual motivo de mayor cuantía y de impredecible desenlace, se verán precisados a recurrir a su prodigiosa intervención? En tal caso, lo prudente es tomar con resignación el agravio inferido por ellos, sobre todo cuando el suceso no ha tenido la consistencia necesaria para terminar en una tragedia.

   Pero no siempre los lugareños han de vérselas con personajes sociables y actitudes que no rebasan la mera travesura fácil de asimilar. Porque entre las divinidades andinas ecuatorianas  existen tanto dioses como espíritus subalternos de pésimo carácter que, cuando de imponer su autoridad se trata, no se andan con medias vueltas. En particular, los dioses que personifican la lluvia, el trueno, el huracán y el granizo se distinguen por su ferocidad sádica y constituyen un auténtico azote, aunque los que se han apoderado de las montañas, cerros, ríos y barrancos, han usurpado sus nombres y se han fundido con ellos, no les van a la zaga. Malvados, egoístas, oportunistas, a la espera constante de poder beneficiarse de lo ajeno, estos últimos, no escatiman ni tiempo ni esfuerzo para satisfacer sus bajos apetitos. No existe lugar de la serranía donde no se cuenta dramáticas historias de mancebas seducidas o secuestradas por alguno de estos abominables seres que parecen experimentar verdadero deleite en el estupro. Tampoco están ausentes de estos pagos las peripecias sufridas un sin fin de ocasiones por los campesinos, angustiados por recuperar parte de su hacienda hurtada por el urco (cerro, montaña…) que domina la vecindad. En fin, se cuenta de éstos aun peores cosas.

   Pero en el reino celestial "ecuandino", donde sus dioses autóctonos soportaron indemnes el embate de las deidades tutelares del incario, tolerándolas en su panteón apenas como personajes accesorios, primero, y luego, jamás cedieron plaza al cristianismo, como acaeciera con sus sucedáneos grecos y latinos, no siempre se elaboran pesares para el humano. Existen también divinidades de excelente talante que, prácticamente, se desviven por labrar la felicidad de éste. Mas como lo bueno impresiona menos que lo malo, apenas se recuerda unas cuantas anécdotas referentes a ellas. A pesar de este inconveniente que limita la opción de poder contemplar abiertamente su horizonte, con perseverancia, aún es posible penetrar en su reducido perímetro y bucear en las brumas del olvido para rescatar invalorables tesoros. Unidas unas a otras, como las cuentas rutilantes de un collar, van entonces emergiendo majestuosas las remembranzas de aquellas civilizaciones que honraban los acontecimientos importantes transformándoles en doradas épicas.

   Eh aquí una buena razón para que se conservaran, rebosantes de vida como en su remoto origen, las leyendas vernáculas que aún se continúa relatándolas en Ecuador.

   Hoy, el grupo cultural País de leyenda, con sede en Quito, en su anhelo de difundir la milenaria herencia cultural del país de la mitad del planeta, Ecuador, se acerca a los cibernautas, amantes de la mitología andina en especial, para guiarlos por sus legendarios escenarios animados por personajes y situaciones que encuentran hospitalidad en el fabuloso universo andino. Pues, deidades y demonios, duendes y fantasmas, brujos y encantadores, pertenecientes a una camada muy particular, pueden tener cabida únicamente en él. Por cierto, algunas de las leyendas aquí presentes, no relatan episodios ubicados muchos años atrás, no obstante, se basan enteramente en viejos dogmas que superviven incólumes. Además, se trata de literatura fresca, incluso buena parte de ella ha conocido la luz pública en este sitio Web, lo que constituye una noticia halagüeña para nuestros dilectos lectores.

   Pero no todo el contenido de este sitio Web es leyenda, también alberga en sus "páginas" ensayos literarios de autores famosos, artículos de investigación arqueología y de sucesos insólitos, poesía (que irá periódicamente incrementándose) y otros temas de interés general relacionados con Ecuador.

   Finalmente, a quienes conformamos este grupo cultural, no nos resta sino expresar nuestro profundo agradecimiento a los cibernautas que, con su valiosa visita, dan realce a nuestro sitio: www.paisdeleyenda.com

Director:
Lcdo. Giovanny Villamarín H.
   
Director artístico:
Marcel Bancovish
   
Gerente:
Leonel Lecrec
   
Asesores:
Pierre Lacebre y Rodolfo Loyola
   
Webmaster:
Serge della Fonte
   
Invitado vitalicio
Carlos Villamarín Escudero:
poeta, escritor e historiador
   
     
Literata invitada
Priscila Escudero