CUENTOS Y POEMAS

                 

José Vicente Quevedo Uribe

     POEMAS                                            PURO CUENTOS

 

EL SUICIDA

FORAJIDOS

NOCHE DE BODAS

EL FANTASMA VENGADOR

CÓMPLICE

 

 

 
 

A MI TIERRA

Huerto sublime de mi adolescencia,
en tu seno sembré mi esperanza
y en tu regazo, soñé ver la luz
de mi lejana existencia.

Follaje adornado de flores,
paraíso de traviesas mariposas,
estancia de aves multicolores,
jardín de mujeres hermosas.

Frondosos cipreses cargados de rocío:
nidal de pájaros cantores,
sombra en las horas soleadas,
romance en las noches doradas.

Tus floridos huertos y dehesas
de fresco aliento perfumado,
lucen destellantes en las noches
a la sombra de un matiz crepusculado.

Tus calles tus plazas y tus parques
permanecen ancladas noche y día
en el mar azul del firmamento
donde los astros te cantan su melodía.

Suenan las cuerdas de una vieja guitarra
en las horas nocturnas de amor y pasión.
La voz del trovador despierta a su amada
y con sus versos proclama, dueña de su corazón.

Mansos riachuelos corren sin parar
formando cristalinas espumas,
cuyo destino es el ancho mar
a donde yacen las lejanas brumas.

Majestuosas cordilleras ondulantes
yerguen en el azul del horizonte,
rocas como estatuas vivientes
columbran en el lejano monte.

Enfrente dos colosos fulgurantes
levántanse gallardos en la cima,
vigilantes, guardianes de mi tierra,
son “Gloria de la Cordillera Andina”.

Con su hálito refresca los campos
de doradas espigas oleantes,
hogaza y esperanza de un pueblo
de hombres aguerridos y valientes.

Sigchos: tierra prometida y soberana,
cuna de nobles y plebeyos;
la historia y tradiciones te engalana
y tu gente que admira y te ama.

 

AMADA

¡
Amada, dónde estas!
Altiva y anhelante,
con rostro rutilante,
no se por donde vas.

En cada amanecer
la luz se apagará,
qué importa fenecer,
el sol no rayará.

Cada instante que pasa
la hora restando va,
al día silencioso
que pronto morirá.

Con paso vacilante
un día encontrarás
el surco que dejaste
que nunca olvidarás.

Y la dorada senda
que tú buscando vas,
cabalgando en las nubes,
¡allá la encontrarás!

 

EL SONIDO DEL SILENCIO

Escucho el silencio
taladrando el mármol
de mi encrucijada.

A veces festivo
a veces sombrío
golpea mi almohada.

En mis sueños huye
cual león herido
su cara crispada.

Al nacer el aura
regresa la fiera
fija su mirada.

Sujeta a mi pecho
la garra mortal;
de aquel, sangre emana.

Lacera mis sienes
carcome mis huesos
de infinita rabia.

Cada atardecer
me ruge al oído
como una cascada.

Escudriña mi alma,
ríe a carcajadas
de mi suerte vana.

    

 

 
  AL DECIRTE ADIOS

En la tibieza de mi lecho fuiste mía,
frágil mariposa refulgente y soñadora.
Ancla de mi amor enardecido
bajo delirante luz de luna adormecida.

Quise ser para ti lo que nadie en la vida:
ungir tu piel ardiente con besos de pasión,
dibujar en tus ojos una melodía de luz
y editar en mi pecho la dulzura de tu voz

Creí que me amarías eternamente,
pero fue tan fugaz como el paso del viento
y, un minuto de pasión no compensa
a toda mi existencia de tu amor sediento.

Pasaste por mi vida azorada y triste
dejando en nuestras vidas el vaho del adiós,
agitando con la enzima de tus recuerdos
ese trago amargo que bebimos los dos.

Naufragada en tu desprecio afloraste mi dolor
que bien pudo haber sido esencia de un gran amor.
Arrancaste el sedal que adhería a tu corazón
con el desdén que hiere y mata la razón.

Mañana ya será tarde,
en tu agonía implorarás perdón
y nadie te escuchará;
es el pago que merece tu traición.

Volverán las lluvias del ayer
de nuevo mi estancia a inundar,
pero aquellas que bañaban nuestras almas...,
esas..., ¡no volverán!

Volverán las nubes de la tarde 
de nuevo mis pupilas a enlutar,
pero aquellas cargadas de rocío...,
esas..., ¡no volverán!

Volverán las sombras de la noche
de nuevo mi valor a quebrantar,
pero aquellas guardianas de mis sueños...,
esas..., ¡no volverán!

Al decirte adiós mis labios temblarán.
En la ruta del camino la luz se apagará.
Y una mirada atrás de nada servirá.
¡Qué se apague esa luz y nos miramos allá!...

 

 
   

INGRATITUD

La ingratitud es el arma que no se ve, pero se siente cuando el dardo encendido, atraviesa el umbral oculto de la aflicción.

José Quevedo

 

No esperes de quien esperas que un día
la mano estire en tu última agonía.
Solo recuerda, que en nuestro paso por la vida,
la ingratitud, es semilla que germina cada día.

No esperes que el sol acuda cada mañana
a encender la llama de una leve esperanza,
ni que el gorrión trine en tu ventana
la nota alegre que anima el alma.
Solo recuerda, que la ingratitud
es hoguera que perdura, vicio que no se acaba.
 
Se anida en el vacío de corazones muertos.
Se nutre de cadáveres, profanando su morada.
¡No vuelvas la mirada, donde ya no queda nada!

 
 

 

 

¡OH JUVENTUD!

¡Oh juventud,
que besas los tibios albores
y respiras anhelante la brisa pasajera!
Abrazas la lluvia y el trueno
y esperas con ansia el sol del estío.

¡Oh juventud,
que marchas triunfante
por los caminos de la vida
y dejas huella imborrable
en la arena dormida!
Enardecida y jadeante
vas forjando los surcos 
con brazo fornido y erguida la frente.
Cosechas el fruto que tú misma sembraste
en el huerto heredado de tu noble estirpe.

¡Oh juventud,
que muerdes el hielo en las noches heladas
cual volcán apagado que el tiempo devora!
En las fibras de tu corazón se enciende el amor,
amor que nace del verso florido
cual tierno gorrión que esboza en su nido
el himno sublime que exalta a la vida.

¡Oh juventud,
de noches bohemias, de amores truncados,
de risa y de llanto, de sueños dorados!
De olivos y rosas, coronas y laureles,
de fe y esperanza, Banderas y Escudos.
 
Con tinta y pinceles pintas tu retrato;
como los hechos escriben su historia,
tú, pintas hoy, lo que serás mañana.

 

 

 
  UNA NOCHE MÁS

En esta hora indisoluble, bañada 
de quejas y avatares nocturnales,
rotas mis ilusiones por las garras del destino,
solo, entre mis cuatro muros de holocausto
percibo un raudal de notas milenarias.

¿Dónde está ese primogénito
salvador de almas y de pueblos,
precursor de libertad y de esperanza?
No has tocado mi frente fría y temblorosa,
rezago del tiempo envilecido,
abertal de años carcomidos,
marañas de mis sueños no soñados,
despojos de mis ansias destruidas.

¿Dónde está la estrella mañanera
que guía al caminante solitario
naufragado en la arena de la vida?
No has llegado a mí, ayer ni hoy,
¿acaso llegarás mañana?
Enciende tu luz redentora
y guía mis pasos, perdidos
en la urdimbre de dolor y falsedad.

Dadme una señal de espera:
como los polvorientos huertos al invierno,
como la peregrina golondrina
espera el atardecer de un verano,
como esperan los días su calendario
en este largo camino de la vida.

Una noche más
y mi alma visitará el umbral de tu puerta,
mientras mi cuerpo frío y silencioso,
ungido de aromas, 
exhalados del árbol que fue mi amparo
a la vera del camino, 
con sombríos toques de campanas
de aquellas agoreras de mis males
que van marcando la hora
entre la luz y las tinieblas,
un féretro crujiente con olor a muerte
barnizado con sangre de mis venas…,
¡descenderá al vasto mundo de un sepulcro!

 

 
   

EL TIEMPO

El tiempo es reloj que marca la vida,
marchita las horas que pronto mueren.
Lamentan los pueblos la paz perdida
y de los que lloran no se conmueven.

El tiempo es puñal que sangra la herida,
corrompe al hombre y a la sociedad;
lleva a muchos errantes por la vida
gritando al mundo llenos de ansiedad.

No solamente que sangra la herida;
la cicatriza aún con el olvido
y borra la huella del ser que se ha ido.

Accede al perdón y nos da esperanza
matando el odio que carcome el alma.
¡Dadnos luz y valor, amor y calma!

 

 

 
 

INCANSABLE VIAJERO

Transpiración de nubes viajeras,
humedad de rocas calcinadas;
burbujas saltarinas entre guijas,
murmullo de voces femeninas.

Hontanar exhalado de las montañas:
grietas vas dejando en el camino;
en la geografía sus abruptos
son tus huellas imborrables del destino.

En las estrechas riberas quedan cicatrices
de tus mordiscos en horas de arrebato;
recogiendo dolor y lágrimas, prosigues
raudo a la quietud del infinito.

En la dilatada llanura ardiente:
tus aguas - remanso de nostalgias-,
en cerúleas alas tornasoladas
prohíjas regueros somnolientos
que de las alturas se escurren 
orquestando una suave sinfonía.

Mercader de ilusiones y esperanzas,
encubridor de almas solitarias;
testigo de amoríos y lamentos,
ruges cuado quieres y cantas tus plegarias.

Eres león oculto entre las brumas,
peregrino incansable de regiones desoladas.
Rey vestido de plata de comarcas habitadas
en las noches doradas de plenilunio.
Eres consentido y también temido,
poseedor de lo evidente y del arcano;
¡nunca mueres porque eres eterno
pero agonizas cuando llega el verano!

 

 
   

INVOCACIÓN

  • Cuando Dios, que al que llora recompensa, se apiade al fin
    de lo que yo he sufrido, en
    silencio me iré como he venido…
    Quiero en la sombra entrar, tengo
    una inmensa necesidad de olvido.

    Antonio Zaragoza

     
  •  

    Una tarde, al ponerse el sol,
    te ausentaste raudamente,
    ocultándote ente las vagas sombras
    que deambulan parsimoniosas 
    por el rincón absorto del silencio.

    ¿A dónde te fuiste, alma peregrina?
    ¿Por qué no vuelves a mitigar mi pena?
    ¿Acaso debo acudir allá, donde yacen 
    los muertos en su fría tumba?
    ¡No tardaré en llegar, solo espérame!
    Quiero contarte lo que la vida me dio.
    Quiero también que sepas, madre mía,
    lo que con saña, ella me lo quitó.

    Tú, la forjadora de mi ser.
    Tú me diste la vida,
    ¿a cambio de qué…?
    ¡Solo por el pecado de amar!
    ¡Qué injusto es el amor!
    Es hora que vengas a mí,
    estoy herido, herido de muerte.
    ¿Será porque perdí los hilos de mi suerte?
    Tú, mi salvadora,
    acude en esta hora fatal,
    con tu voz y tu mirada
    y guíame por el sendero de la eternidad.
     
    ¿Por qué los muertos inquieren el silencio?
    ¿Por qué rondan la eterna oscuridad del sepulcro?
    ¿Acaso es allí donde el amor se reencuentra con el amor?
    Sí, es allí donde no existe la telaraña del engaño.
    Es allí donde no tiene espacio el légamo de la traición.
    Es allí donde la lobreguez acaricia el alma,
    donde la soledad se reencarna para siempre
    en el umbral infinito de lo eterno.

    Te apresuraste en tu partida
    dejándome el alma herida.
    Me privaste de tus besos
    cuando apenas mis labios sonreían.
    Me arrancaste una esperanza
    cuando apenas mi corazón latía.

    No te culpo que me abandonaras,
    ¡madre idolatrada!
    si a ti también te abandonaron,
    cuando en tu lecho de dolor
    salpicado de miseria, ausente de ternura,
    permanecías inmóvil
    con tu mirada anclada al cielo,
    ¡solo esperando que la muerte
    arrancase tu último suspiro!

     

     
     
      UN DÍA EN MI VIDA

    Mi vida es como una rosa 
    que aroma y flamea airosa
    el aire que me circunda.
    Adorna con su matiz el escenario
    donde habita la esperanza.

    Es como el undísono de la corriente
    que transcurre presurosa,
    juguetona y recia,
    desafiando a la agreste montaña,
    a la esbelta roca
    y corre con el viento
    buscando su propio destino
    hasta confluirse triunfante
    en el azul infinito de su existencia.

    Es el amanecer de un día cualquiera:
    a veces risueño,
    majestuoso, transparente;
    pero también se presenta
    cargado de melancolía,
    brumoso y hostil,
    salpicado de añoranza,
    y un horizonte prisionero
    por las nubes del invierno.

    Es como una luz que resplandece
    allá en el lejano confín
    donde agoniza una centella.
    Es fuego que quema,
    amarillento, en la almenara
    de mis pasiones rotas y deshechas;
    o como el mar que verberea
    la barca solitaria
    entre las encrespadas olas de una tormenta.

     

     

     
          Elegía del pasado
     
       Un torrente invisible que atormentan las horas
    de recuerdos que se van en cascada recial;
    recuerdos lejanos de turbulentas auroras
    de las noches amargas que arreció el vendaval.
     
       En las tardes calladas de angustia y soledad
    arrancadas del alma recordando el ayer;
    reviviendo el pasada de la cruel tempestad
    que arrasó de mi pecho un corazón de mujer.
     
       ¿Si el pasado fue abismo que separó a los dos
    y el resquicio del tiempo nos arrancó un adiós?
    ¡Sólo quedan abrojos y un vacío de amor!
     
       ¿Si el pasado fue sombra que nubló tu camino
    y un sendero doliente que trazó mi destino?;
    ¡Sólo queda el presente que mitiga el dolor!
     
     
           Verdades amargas
     
       Yo fui la espina que hirió tus sienes
    y fui la sombra que nubló tu camino.
    Sé que el recuerdo en tu memoria tienes.
    ¡Toda la culpa lo tiene el destino!
     
       Yo fui el muro en tu amplia vía
    y fui la hiedra que enredó tus pies.
    Trunqué tus pasos con mi porfía
    y clamé tu amor, no sólo una vez.
     
       La luz de mis ojos se apagará un día
    y otra luz en tu vida se posará.
    ¿Es lo qué tu corazón quería?...
    ¡Ya para mí, nada cambiará!
     
       Cuando mi cuerpo mustio y doliente
    de este mundo ya se despida;
    te dirá mi alma muy sonriente:
    "¡ Es solamente que se va una vida!"
     
       En el instante que mis despojos
    en una tumba veas perder,
    procura enjugar tus ojos,
    y solo un lágrima dejes caer.
     
       Una laude de piedra sellará mi morada
    y en letras blancas anunciará mi nombre.
    El polvo y las cenizas, dejarán en nada:
    ¡sin flores, sin cruz y sin nombre!
     

     

           Solo palabras
     
       Con emoción y lleno de esperanzas
    recibí tus letras por vez primera.
    Creí que me dirías amarme a la distancia
    ¡qué equivocado, fue sólo una quimera!
     
       Han pasado cuantas noches de tu ausencia.
    No respiro el tibio aliento de tu boca.
    Sufro en mis venas hórrida dolencia
    por la angustia que en mí provoca.
     
       Aquella noche que platicábamos tu partida
    y por mis mejillas un torrente de lágrimas corría;
    me reconfortaste diciendo: que me hablarías de amor.
    ¡En vano esperé! ¿Fue solo, ilusión mía?
     
       Calma imploré a mi propia existencia
    mientras los días pasaban lentamente.
    El eco de tu voz no ha llegado a mis oídos,
    diciéndome: ¡qué me amarías eternamente!
     
       Si el cielo observas cubierto de estrellas
    y la tierra: de montañas, ríos y mares;
    en las membranas de mi cuerpo encontrarás
    heridas sangrantes que dejaron mis pesares.
     
       En las tardes de penumbra y de tristeza,
    miro, ¡cómo la luz del sol se va apagando!,
    cual imagen gris en mis pupilas
    va en sombras sus alas desplegando.
     
       Allá, donde el sol arde su llama
    y la nieve del invierno cala el olvido,
    nace el grito que tortura mi alma
    y maldigo los años que he vivido.
     
       En mis lánguidas noches siempre despierto
    el murmullo del viento siento pasar,
    llevándose consigo mi débil aliento
    ¡a morir en lejanía, o en el fondo del mar!
     
       Si al distanciarte de mi lado pretendes
    llegar silenciosa al final del camino,
    quiero recordarte: que no hay otro final
    que no sea, la muerte o el olvido.
     
       Las flores de tu rosal ya están muertas
    cansadas de esperarte inútilmente,
    sólo encontrarás las hojas mustias
    que están lacerándose lentamente.
     
       En aquel vergel do sembré mi ilusión
    esperando un día cosechar una flor
    y derramé mis lágrimas llenas de pasión,
     ¡sólo quedan restrojos como rezagos de amor!
     
     
     

       TU AUSENCIA

    ¿Recuerdas cuando eras niña,                                            
    tú me mirabas y yo te miraba
    y tus suaves y rizados cabellos

    yo te acariciaba?
    ¡Cómo ha pasado el tiempo!

    Nunca olvidaré aquella noche
    la última de tu partida,
    nuestras dos almas se juntaron
    a darse la triste despedida.

    Tus lágrimas humedecieron mi espíritu
    y con las mías bañé tu cuerpo;
    mi corazón exhaló un suspiro
    de profundo dolor y lamento.

    Siento que en mis horas de soledad
    llegas tú, abres la puerta:
    salgo a recibirte, no eres tú;
    ¡no es nadie!, ¡solo es, esperanza muerta
    que me embarga de tristeza!

    Mi alma divaga en el viento,
    mis pensamientos se van en el olvido.
    ¿Acaso lo dirá el tiempo
    que yo encuentre alivio?

    En las noches de nostalgia
    siento mi cuerpo helado,
    me pregunto, ¿por qué?,
    ¡tú no estás a mi lado!

    Llega al fin el amanecer,
    deseo encontrar alivio,
    miro a mis hijos crecer
    ¡como árboles de olivo!
    Nuevamente, las sombras del atardecer
    me dicen: que tú no estás con migo.

    Pido al sol y a la luna
    que giren velozmente
    para acortar el tiempo
    mientras tú estés ausente.

    Astro rey, ilumina mi camino
    en este viaje sin retorno,
    que ansío por llegar
    y cumplir con mi destino
    .

      

     

           HUERTO MARCHITO

    Vientos huracanados
    se llevaron mi alegría
    dejándome solo despojos
    en esta larga agonía.

    Mi alma está perdida,
    mi corazón agoniza,
    todas mis ilusiones
    van convirtiendo en ceniza.

    Van pasando los días y los meses
    y está latente el día que te marchaste;
    mis ojos llenos de lágrimas,
    y mi alma rota me dejaste.

    Alzo la mirada al cielo
    en busca de tu sombra.
    Solo nubes negras a lo lejos
    diviso en la penumbra.
    Y una ráfaga de luz
    de aquel relámpago enfurecido,
    deja atónito mi semblante
    y el corazón desfallecido.

    Mis ojos se fueron en llanto
    y todo mi ser se entristeció,
    mirando aquel huerto
    que nunca floreció.

    Si acaso llegare el día
    aquel huerto marchito
    volviese a tener vida;
    cubriría con mi sombra
    cada pétalo, cada flor,
    y entonaría mis versos
    ¡impregnados de amor!

     

         paisdeleyenda@yahoo.com.es

     

           Eres....

    Eres pétalo y néctar de flor.                       
    Perfume sublime y embriagador.
    En tu alma pura se apaga el amor,
    y en mi pecho arden ascuas del dolor.

    Eres lucero en el cielo estrellado.
    Un rayo de luz se fue de mi lado.
    Mi cuerpo silente en la cruz clavado,
    mirando al cielo en un mar desolado.

    Eres alondra que dejara el nido,
    y en mi corazón se escucha un gemido,
    cual hojas secas del árbol caído.

    Eres el viento en la noche callada.
    Tiritan las aves en la enramada.
    Mi voz en silencio, ¡llora a su amada!

        José Vicente Quevedo Uribe

     paisdeleyenda@yahoo.com.es